La mayoría de los clásicos del diseño industrial son básicos de la decoración. Decorar con los clásicos no tiene porque implicar que mantengas en casa una decoración tradicional. Hay muchas maneras de aprovechar estas genialidades del diseño en interiorismo y acoplarlas al estilo que tenga nuestra casa.

No hay duda de que no solo son extremadamente funcionales, sino que darán gran valor estético a cualquier habitación, además del valor que tienen por la trascendencia que han logrado en la industria del diseño.

En lo que a decoración se refiere cada uno tiene sus gustos, su estilo a la hora de elegir cómo vestir su casa, sin embargo hay piezas que nunca, nunca fallan. Son clásicos, iconos de la decoración que gustan a prácticamente todo el mundo.

 El sillón Womb 

Un buen ejemplo de clásico del diseño industrial que nos gusta mucho es el sillón Womb, es una pieza de encantadora figura, delicada y con líneas suaves bien definidas, se trata de una creación de Eero Saarinen ideal para completar la decoración de cualquier casa contemporánea, e imprimir un guiño de estilo.

La butaca Womb de Eero Saarinen: Una orgánica escultura de interior. Es una de las piezas más destacadas de la historia del diseño del siglo XX por su creatividad, comodidad y diseño. Esta silla tuvo un reconocimiento inmediato y se convirtió en un diseño atemporal. En la actualidad este modelo se sigue fabricando sin interrupción desde el momento en que se hizo su presentación en el año 1940, y puede formar parte de zonas de estar, espacios de lectura, oficinas y otras estancias, ofreciendo un asiento confortable y de estética elegante.

La silla Womb que signifíca útero en castellano fue creada para la marca Knoll. Es una pieza emblemática que tiene lo mejor del diseño internacional y la esencia de la estética nórdica. La silla Womb cautiva gracias a su aspecto estético que aporta un máximo confort, consta de dos piezas que busca la comodidad mediante el propósito para el que fue solicitada. El diseñador da a entender que los muebles modernos podían ser cómodos y acogedores a la vez sin que pierdan su toque con­temporáneo.

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